Historia

El legado del Vino

La producción y consumo de vinos de Argentina se remonta a más de cuatrocientos años, cuando los primeros especímenes de "vitis vinifera" fueron traídos a América por los colonizadores españoles a comienzos del siglo XVI.

En el año 1551 se introdujo el cultivo en la Argentina y se propagó por el centro, oeste y noreste del país. Favorecida por las óptimas condiciones climáticas y de suelo de la región andina, la vitivinicultura manifestó un amplio y acelerado desarrollo.

Los sacerdotes católicos que llegaron a estas tierras establecieron viñedos cerca de sus monasterios, para poder asegurar el vino necesario para celebrar la santa misa.

Durante el siglo XIX, los inmigrantes europeos trajeron nuevas técnicas de cultivo y otras variedades de cepas, que hallaron en Los Andes y el Valle de Río Colorado, el hábitat ideal para su crecimiento.

Entre 1850 y 1880 Argentina logró incorporarse a los circuitos económicos mundiales. Dos factores facilitaron esto. Por un lado, los ferrocarriles que afianzaron las comunicaciones entre las provincias del interior. Por el otro, la incorporación de tierras de la Patagonia al territorio nacional tras la campaña del desierto. La expansión de superficies aptas para la actividad agropecuaria y la inmigración fueron condiciones para que la industria vitivinícola se asentara como industria nacional.

Durante este período se creó la Quinta Normal de Agricultura de Mendoza en 1853, primera escuela de Agricultura del país. Michel Aimé Pouget fue director de la Quinta y fue el primero en introducir cepajes franceses a Mendoza, propagar su cultivo y enseñar métodos científicos en el aprovechamiento de los frutos. Tanto en Mendoza como en San Juan comenzaron a producirse transformaciones tendientes a la modernización de esta actividad.

Tanto la sanción de la Ley de Aguas y la creación del Departamento General de Irrigación como la suma de medidas de fomento agrícola y crédito para el cultivo, la construcción de bodegas y la dotación de máquinas y equipamiento tecnológico moderno además de la formación de recursos humanos capacitados para desarrollar la vitivinicultura con bases científicas facilitaron la ampliación de hectáreas cultivadas con vides y el aumento en la cantidad de vino elaborado.

En 1873 Argentina contaba con una superficie de 2.000 hectáreas y en 1893 la superficie de vides se había quintuplicado a unas 10.000 hectáreas.

El aumento de la superficie cultivada con vides y el crecimiento de bodegas produjeron cambios en el territorio, en el paisaje  y en la arquitectura.

A comienzos de 1990 la cantidad de superficie plantada era de 210.371 hectáreas.

Ya en la década del 60’ el circuito de producción y elaboración de vino se completaba en los grandes establecimientos vitivinícolas, con plantas de fraccionamiento y una sólida red de comercialización distribuida en los principales centros de consumo del país.

En 1970 se produjo un quiebre en el modelo centrado en la producción de grandes volúmenes vínicos de baja calidad dirigida al mercado interno. La irrupción de bebidas gaseosas y cerveza provocó una caída en la demanda del consumo de vino común que pasó de 90 litros per cápita en 1970 a 55 litros en 1991. Entre 1982 y 1992 se produjo una gran erradicación de viñedos que representó el 36% de los viñedos existentes en ese entonces.

Entre fines de 1980 y principios de 1990 se inició una nueva etapa en la vitivinicultura argentina. La entrada de la economía nacional en el neoliberalismo implementó un modelo de ajuste de la economía integrando a los territorios al mercado mundial. Surgieron nuevos empresarios nacionales y extranjeros, que orientaron su industria a pequeñas producciones de altísima calidad, tanto para el consumo interno como para la exportación. Debido a la incorporación de tecnología de elaboración, sistema de cultivo, selección de cepaje y nuevos sistemas de comercialización, la industria vitivinícola argentina se ha posicionado en el mercado internacional.

*Fuente: "Argentina Tiempo de Cosecha". Homenaje a la vitivinicultura en el Bicentenario de la Patria. Josefina Rosner ediciones. 2010.


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