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News - 07.01.10

De sur a norte en la ruta del vino

Conocer a un país a través de sus máximas expresiones de identidad como lo es el vino en Argentina, es una experiencia que no se repite en muchas partes del mundo.

Desde las alturas de Salta en el norte de Argentina, hasta los fines del mundo en la Patagonia, cada lugar guarda un encanto particular que se ve reflejado en sus vinos. Poder combinar el buen comer y el beber, la cultura y la historia, el calor humano y la magnitud de los paisajes, con pequeñas indulgencias, hacen de este recorrido un viaje memorable.

El enoturismo es una tendencia que ha venido creciendo con los años en Argentina. Más allá de las visitas guiadas y degustaciones que se hacen en las bodegas, estas mismas se han empeñado en ofrecer una experiencia holística ampliando sus servicios con restaurantes que bien podrían merecer estrellas y tenedores como también  con pequeños hoteles y cabañas donde el lujo y la atención personalizada están a la orden del día. Así es posible pernoctar entre viñedos y barricas y respirar de principio a fin el fascinante mundo del vino.

 

Salta

 

Llegar al norte de Argentina, a la provincia de Salta, es abrirse camino entre amplio s paisajes de montañas rocosas pintadas en todas las gamas de rojos cobrizos, de desiertos y valles inesperados como los de Calchaquíes. Es una región de arquitectura colonial marcadas por la sierra que se evidencia en las pieles curtidas por el sol y en los ojos rasgados propios de los indígenas.

Lo primero que abría que hacer es parar en algún restaurante o parador y saborear las empanadas salteñas rellenas de carne picada recién salidas de un horno de leña y acompañarlas de unas buenas copas de Torrontés. Este vino es uno de los emblemáticos de la zona y de todo el país, pues la variedad de uva blanca se encuentra casi exclusivamente en Argentina. Es un vino fresco, de mucho carácter, donde la fruta se expresa  muy bien y los aromas brotan profusamente. Esta variedad es distinta a todo lo que se puede encontrar en el mundo de los blancos.

Para probar lo que ofrece el terruño y disfrutar de un entorno natural lo mejor es hospedarse por un par de noches en Cafayate que es la localidad más cercana a todas las bodegas como El Porvenir, El Esteco, Etchart, Michel Torino o Tránsito, las cuales ofrecen visitas de grupo y degustaciones.

 

Viñas de Cafayate, Wine Resort ofrece 12 habitaciones donde las ventanas de sus alcobas hacen las veces de un mirador hacia los viñedos como si  tratara de una postal. El hotel permite diferentes actividades como caminar por los médanos, trekking en el cerro de San Isidro o simplemente gozar de la piscina, rodeada de viñedos.

 

Patios de Cafayate es otra de las opciones donde una bella casona colonial lo acoge entre muebles antiguos y una decoración elegante y confortable. Tiene 30 habitaciones y suites rodeadas por bellos jardines y un restaurante que ofrece una gastronomía que aprovecha los ingredientes andinos. Para terminar los días o empezarlos, un spa hace de las suyas con productos generados a partid de la vid.

 

Para ir un poco más lejos y adentrarse en los viñedos más altos del mundo hay que llegar a la bodega y estancia Colomé, un lugar único. El emprendimiento es de la bodega familia Hess, amantes de la vitivinicultura y del arte. En este alejado punto se encuentra un hotel boutique rural de nueve suites que más que un hotel es una experiencia donde también se pueden visitar un museo hecho con la obra luminosa de James Turrell.

 

Patagonia

 

Dicen que en los lugares golpeados frecuentemente por los vientos la gente suele tener desvaríos. Seguramente la cordura de los habitantes de la provincia de Neuquén y de Río Negro en la Patagonia se deba a los álamos. Estos árboles que se levanta mirando al cielo, escuálidos, elegantes como una escultura de Giacometti, son los protectores de los viñedos, de los manzanos, los duraznos y las ciruelas, y los responsables de que los aires se cuelen suavemente para no dañar sus frutos. La estepa patagónica es enigmática y cautivadora por su paisaje que se ofrece sin reservas. Es, además, testigo de una tierra habitada por dinosaurios.

 

A 40 grados de latitud sur, se da el varietal característico del campo austral, el Pinot Noir. Es una de las variedades de uva más delicadas y más difíciles de obtener por sus cuidados desde la vid. Entre los grandes conocedores y amantes de los vinos, esta cepa suele ser su preferida por evocar la elegancia en todas sus formas. Y para entrar en materia, nada mejor que visitar una bodega boutique como Chacra donde la elaboración del vino sigue la filosofía de la biodinámica, el trabajo personalizado y artesanal en todos sus procesos dando como resultado una pequeña producción exclusiva que solo pocos en el mundo llegan a probar.

 

Para seguir con el recorrido hay que conocer la gran y moderna bodega Del fin del mundo, que tiene uno de los nombres más atractivos de la industria. Habría que adelantarse en la centenaria historia de la bodega Humberto Canale, avistar aves en bodegas Universo Austral, admirar la arquitectura de la bodega NQN y dejarse tentar por los platos patagónicos de su Malma Resto Bar. Y hablando de gastronomía, hay que tratar el paladar con los sabores delicados creados por el chef suizo del restaurante Saurus y maridarlos con los vinos de la bodega de la familia Schroeder.

 

Para hospedarse, Valle perdido Estate Winery resulta una excelente opción si se trata de complacer los deseos terrenales con atención personalizada. Cuenta con un spa con todos los tratamientos para el cuerpo, un bar de cigarrillos y tapas, y un restaurante que deleita desde el principio con la canastilla de panes hasta el dulce final.

 

Es el primer hotel en el país que está completamente integrado a una bodega por que para pasar a  las habitaciones se atraviesa un puente donde sus lados se puede apreciar la bella sala de barricas. Ya en los cuartos es posible amanecer con una vista envidiable hacia los viñedos y perderse en el horizonte.

Artículo tomado de la Revista Buen Viaje VIP El Espectador. “De sur a norte en la ruta del vino”  escrito por Liliana López.